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Blog animalista

Por qué sueñan diferente los hombres y las mujeres

24/10/2019
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El mundo de los sueños siempre ha despertado la intriga y el interés del ser humano. El mundo onírico es una puerta a nuestro inconsciente. Es el lugar donde habitan nuestros deseos y temores más profundos. Es una de las zonas que más trabajan algunas corrientes psicológicas. Es también campo fértil para creencias y tradiciones milenarias. Y, por supuesto, ha desatado variados análisis de especialistas que intentan encontrar las respuestas a tantas preguntas.

Una de las incógnitas más comunes es saber qué soñamos las veces que no lo recordamos. Y cuando el sueño queda en la memoria, damos un paso adelante y queremos saber por qué soñamos lo que soñamos.

¿Cuánto soñamos?

Primero debemos saber que nuestra memoria borra entre el 90% y 99% de los sueños. Incluso, diez minutos después de habernos despertados, apenas recordamos una décima parte de eso que habíamos logrado conservar en nuestra mente

Algunos investigadores comparan a la acción de soñar con hacer algo sin prestarle demasiada atención, como por ejemplo cuando manejamos por una carretera. En ese caso, no registramos todo lo que pasa ante nuestra vista. De la misma manera, ante un sueño nuestra consciencia está menos activa y no retiene todo lo que pasa en nuestra mente.

No todos los sueños duran lo mismo, y tampoco es real que lo que nuestra memoria recuerda como una larga historia en realidad son apenas imágenes sueltas o flashes que aparecen en nuestra mente. Al principio de la noche los sueños serán más breves, de una duración de un par de minutos, pero a medida que avanza la noche irán alargándose y en las fases de sueño REM (sueño de movimientos oculares rápidos, tono muscular reducido en todo el cuerpo y propensión a soñar vívidamente) podrían llegar a extenderse por 60 minutos.

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Es cierto que el tiempo puede percibirse de manera relativa, pero no es verdad que esos largos sueños duraron solo un par de segundos, ya que pueden prolongarse por 10, 30 o hasta 60 minutos, explica Naiman. Al principio de la noche serán más breves, un par de minutos, y a medida que avanza la noche irá aumentando la duración de las fases REM.

La reconocida Scientific American responsabiliza a la ausencia de la hormona norepinefrina en la corteza cerebral en nuestros reiterados olvidos oníricos. Es que esa hormona tiene un rol clave en la memoria, el pensamiento, el lenguaje y la conciencia.

A pesar de las dificultades que tenemos para retener nuestros sueños, con el material que nuestra memoria nos deja a nuestro alcance, varios estudios han logrado detectar que hombres y mujeres tienen diferentes maneras de soñar.

Diferencias entre hombres y mujeres

No es algo impensado: sentimos diferente, pensamos distinto, tenemos distintos cuerpo, nuestros cerebros funcionan de manera diferente y responden distinto ante un mismo estímulo.

Los subconscientes masculinos se acercan más a la violencia, y las temáticas más reiteradas en los sueños de los hombres son situaciones explosivas y relaciones sexuales con personas desconocidas. En cambio, la memoria femenina tiende a ubicar sus sueños en entornos familiares y conocidos. De esa manera, la mente de las mujeres prefiere recrear en los sueños situaciones más románticas y pacíficas.

Mientras somos niños, no existen diferencias palpables y significantes entre lo que sueñan mujeres y varones. Pero a partir de la adolescencia, justamente cuando con el crecimiento de nuestro cuerpo se marcan las diferencias de género, nuestros sueños también comienzan a diferenciarse.

Otra diferencia que arrojó un estudio dirigido por el doctor Mark Blagrove, de la Universidad de Swansea es que mientras las mujeres son más propensas a ubicar los sueños en lugares interiores, los hombres suelen soñar en exteriores.

El experto en estudios del sueño James Wilson asegura que hay factores tanto innatos como adquiridos que influyen en las diferencias oníricas entre ambos sexos. Por un lado, existen factores ambientales basados en los estímulos que cada día reciben los hombres en su entorno y que son, mayoritariamente, distintos de los de las mujeres.

Con respecto a los factores biológicos, la mayor producción de testosterona de los hombres influye en que sus sueños sean mucho más violentos que los de las mujeres.

Pero no todo es color de rosa en el mundo femenino: las mujeres suelen recordar con más facilidad los sueños desagradables y tienen más pesadillas.

¿Quiénes duermen mejor?

La mayor aparición de pesadillas en las mujeres tal vez refleje otra de las diferencias existentes: el insomnio y el “síndrome de piernas inquietas” (SPI) son más frecuentes en las mujeres porque sufren una mayor prevalencia de los factores de riesgo para estas patologías.

Además, cuando las mujeres están transitando su período de menstruación, cursan un embarazo o atraviesan la menopausia, los cambios hormonales pueden aumentar el riesgo de padecer trastornos del sueño.

Sin embargo, si hablamos cualitativamente, la calidad del sueño de las mujeres es generalmente mejor que la de los hombres.

¿Cómo mejorar la calidad de nuestros sueños?

Los especialistas recomiendan, como primera medida, minimizar al máximo las fuentes de luz en la habitación en la que descansaremos. Otro factor clave es mantener el dormitorio y la ropa de cama limpios.

Parece una ingenuidad, pero no hay que pasar por alto lo más importante: antes de meterse en la cama, tenemos que asegurarnos efectivamente de tener sueño. Porque sino empezaremos a dar vueltas en la cama sin descansar. Lo ideal es taparse con las sábanas e inmediatamente dormirse.

Para facilitar tener un sueño placentero es recomendable no tomar alimentos pesados antes de ir a dormir, y practicar actividades que nos relajen. En este aspecto, la televisión es la enemiga número uno de un buen y relajado sueño. En lo posible, hay que evitar que el televisor esté ubicado en el cuarto de dormir.

El horario para dormir también es muy importante. Un estudio realizado en 2011 para la publicación «Sleep and Biological Rythms» (“Sueño y ritmos biológicos”) tuvo como resultado que los estudiantes que se quedaban despiertos hasta la medianoche solían tener más sueños desagradables que los que lograban dormirse más temprano.  Según una explicación potencial para este descubrimiento, la hormona del estrés (cortisol) se libera temprano por la mañana, una hora en la que los que se desvelan todavía están soñando o dormidos, por lo que el estrés invade sus sueños, mientras que los que durmieron más temprano ya están despiertos y pueden canalizar esa energía de otra manera.

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Natalia Usacheva