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Cuando vivimos situaciones difíciles, muchas veces encontramos consuelo o ayuda en aquellos que han pasado lo mismo. Es normal, porque el entendimiento y la empatía es mayor. Por eso y otros motivos personas como la escritora Elena Pozo comparten sus experiencias. 

Poner al alcance de otros una ayuda que podemos dar es un gesto increíblemente heroico y desinteresado. Por eso cuando Elena recibió la carta de una mujer que con ocho semanas y media de embarazo se enfrentaba a un aborto espontáneo, tuvo que decirle estás sabias palabras.

No podría haber permanecido impasible, sobre todo porque ella misma había pasado por algo parecido. Este es solo un eslabón de una cadena de ayuda que mujeres como esta bloguera (fisinergia.com es su blog) crean y alimentan cada día en beneficio de tantas otras personas.

La preciosa carta dice así:

Querida amiga, lo siento muchísimo. No encuentro palabras para darte ánimos sencillamente porque no las hay. Ésta perdida que te está aconteciendo quedará impresa en tu memoria, y es una herida que por supuesto sanará, pero que inevitablemente dejará su cicatriz.

Sé por lo que estás pasando porque yo también lo he vivido. Durante mucho tiempo me he arrepentido de no escribir para contar mi experiencia y contribuir de alguna forma a dar visibilidad a éste posible desenlace que nadie quiere y del que no se habla. Pero no pude, no fui capaz. Por desgracia, ahora y sólo ahora te vas a enterar de todas las amigas y conocidas que han pasado por esto. Ahora es cuando te van a explicar que los embarazos que no siguen su curso durante el primer trimestre, son mas normales de lo que parece.

Qué sano seria que todos habláramos con más naturalidad sobre los ciclos de la vida y la muerte. Que tener un predictor positivo en las manos no es igual a «vamos a tener un bebé», sino que sería mas equilibrado decir: «si todo va bien, vamos a tener un bebé».

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El aborto espontáneo es más común de lo que creemos entre mujeres embarazadas en el primer trimestre. Aunque muchas conocen estos datos y se enfrentan a estos tres primeros meses con precaución, es siempre inevitable una mantener una actitud de ilusión.

Querida amiga, yo no fui capaz, pero te animo que con todo el amor del mundo, sin generar conflicto y con sinceridad, cortes por o sano este tipo de conversaciones que no te harán ningún bien.

También te diría a que confíes en tu intuición y en tus sensaciones, porque nadie mejor que tú para decidir cual será el siguiente paso, y cómo atravesar estos días que ahora te esperan.

A mí no me hicieron legrado, me dieron a elegir y preferí expulsarlo de forma natural en mi casa, siempre y cuando no tuviera fiebre. Tengo que agradecer que el ginecólogo que me lo comunicó en urgencias fue mi compañero y amigo, que lo hizo con muchísimo tacto, y hasta me dio un abrazo antes de irme de la consulta, pues sé que hay muchos casos en los que el trato es tan despersonalizado e inhumano, que el choque de la noticia es aún peor. Tengo grabada mi imagen sentada en al sillón de la sala de espera del hospital Viamed, totalmente muda, sin lágrimas, viendo a las embarazadas entrar y salir, y sin saber si podría pisar la calle e irme a casa.

Por desgracia este y otros temas de salud sexual femenina se tratan todavía como un tema tabú, no se tiene información y se desconoce muchas veces hasta donde puede afectar un hecho particular. En muchos países se opta ya por incluir información relacionada con la reproducción en colegios e institutos.

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No sé si hice bien en no alegrarme, fue lo que en ese momento me pedía mi cuerpo, pero recuerdo que estuve con contracciones muy molesta tres días. Y no era lo físico lo que me molestaba, sino la profunda negación que sentía, llorando sentada en el váter desconsolada mientras sangraba. Recuerdo el pánico y la contracción involuntaria que tenía en todo mi cuerpo, en mi musculatura del abdomen y el suelo pélvico porque no quería que se fuera… era un dolor tan de dentro, tan profundo…

Ojalá lo vivas de otra manera, cada persona es diferente, pero te cuento esto amiga mía, porque no debes sentirte culpable por llorar o estar triste, permítetelo por favor… llora lo que necesites, niégate a perderlo el tiempo que necesites, hasta que estés preparada para la siguiente etapa… dejarle ir.

A mí me ayudó muchísimo encender una velita junto a la foto de su ecografía, las contracciones se suavizaron, el sangrado se aminoró y al tercer día pude dormir.

Temas así no es algo que tomarse a la ligera, ni a lo que restarle importancia. Por eso frases de esta índole no deberían existir bajo ningún concepto:  «ah bueno, pero estabas de poquito», «anda mujer, no estés triste que verás como en nada estás preñada otra vez»,  «mujer legrada, mujer preñada» o «si lo has perdido es que algo no iba bien».

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No tengas prisa en volver a buscar, no intentes suplantar un dolor con una nueva alegría porque no sería justo para el que viene, le estarías cargando de una responsabilidad que no le corresponde a él superar sino a ti.

En mi caso, como sabes, me pilló en pleno verano y me fui a un retiro de yoga para conectar de nuevo con mi cuerpo y perdonarme. Sí, porque estaba muy enfadada con mi cuerpo, ¿cómo me había fallado así? Yo que tanto me cuido, ¿porqué no siguió adelante?. Y la guinda fue el retiro de silencio que hice al cabo de unos meses en el que me dí cuenta de que aún no lo había superado.

¿Y sabes qué? Que aunque nos sentimos supuestamente preparados a los cuatro o cinco meses para volver a intentarlo, no fue hasta los 9 meses exactos que vino nuestro pequeño (que sigue dormidito por cierto!). Tuve una regla muy abundante y dolorosa en la que iba a ser nuestra fecha probable de parto, y por la noche tuve un sueño precioso en el que se me apareció una niña a la que abracé y despedí. Un ciclo se cierra y otro se abre, así es la vida.

Mucho ánimo preciosa amiga

Aquí estoy para lo que necesites 

Todo lo que podamos decir es siempre agradecido cuando pasamos por momentos duros. Tener tacto, estar informados y ofrecer ayuda siempre que podamos son las principales claves para llevarlo mejor. El aborto no tendría que ser tratado con vergüenza o como algo malo.

Fuente: fisinergia

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