La polémica declaración que ha indignado a madres de todo el mundo. ¿Qué opinas tú?

08/02/2017
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La famosa periodista, Samanta Villar, prendió hace un par de semanas la mecha del debate eterno: ser madre. Recientemente madre por partida doble, la protagonista de los programas “21 días” ha querido contar su experiencia en un libro. De las entrevistas sobre su maternidad han salido a la luz parte de sus vivencias. “Ser madre te quita calidad de vida”, ha sido su polémica declaración en una entrevista.

Algo que puede resultar tan comprensible como que es un hecho que cambia las cosas ha sido suficiente para que reciba un aluvión de críticas y reproches. Sin embargo, ahora que las mujeres hemos conquistado algunos derechos que hace años eran impensables, el concepto de madre ha variado algo también. No todas las mujeres eligen procrear, y si lo hacen, a veces es más tarde que un par de décadas atrás.

Aunque muchas veces el trabajo y la conciliación familiar siguen suponiendo un problema a la hora de decidir tener descendencia, la clave de la maternidad no radica en eso. Si no que es el propio deseo de la mujer, el control de su vida y sus prioridades las que condicionan que tenga o no hijos. Y una vez que toma la decisión y tiene hijos, evidentemente, no todo es coser y cantar. Nos guste más o menos, estemos o no de acuerdo con las declaraciones de la periodista, hay que partir de la base de que un hijo lo cambia todo.

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Aunque Martin Selligman no sabe lo que supone la maternidad, es posiblemente el psicólogo vivo más influyente del mundo. Se hizo famoso por desarrollar una teoría sobre cómo se genera la depresión y ahondó en la felicidad tanto como para considerarlo un experto.

De sus estudios dedujo que en los test de felicidad hechos a los padres y madres (especialmente de niños pequeños) puntuaban significativamente más bajos que otras personas de la misma edad sin hijos. Lo controvertido era que los propios padres y madres explicaban que eran tremendamente felices. Fue entonces cuando los investigadores comprendieron que había un componente de la felicidad que no estaban estudiando.

Fue el sentimiento de significación, transcendencia o sentido de la vida lo que cambió el enfoque de los estudios sobre la felicidad de los padres.

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Decidieron incluir este otro aspecto de la felicidad y lo que pudieron comprobar es que mientras que los niveles de felicidad asociados a lo que conocemos como “calidad de vida” (poder ir al cine, dormir hasta tarde, poder ir a un restaurante, tener tiempo para nuestras aficiones) disminuían, el otro componente de felicidad asociado al sentimiento de satisfacción y significado de la vida aumentaba de una manera llamativa. He ahí el quid de la cuestión, la felicidad compensa la perdida inevitable de ciertas aspectos cuando nos convertimos en madres.

Más allá de las declaraciones de Samanta, (que ha tenido que sacrificar y cambiar muchas cosas de su vida) y obviando también la respuesta que una madre le daba (“ser madre conllevaba no poder tomar un vino o trasnochar para ir al mejor bar de la ciudad”), la maternidad está ligada con la felicidad.

Sea para bien o para mal, todo cambio afecta sobremanera a nuestra mente y nuestro cuerpo. Teniendo en cuenta el debate abierto entre la postura de Samanta Villar y una de las madres que ha criticado esta misma por Internet, encontramos que la relación entre felicidad y maternidad ofrecida por este psicólogo rebaja bastante las asperezas sobre el tema.

¿Qué opináis vosotros?
Fuente: El cerebro del niño