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Blog animalista

Carta para despedir a su perro

28/03/2017
carta perro

Nadie está preparado para perder a su mascota. Me hubiera gustado haber tenido esta carta a mi perro fallecido, porque es una forma de pasar el duelo.

Pero reflexionemos más en esto. Los animales son parte de nuestras familias como lo son otros miembros. si algún familiar fallece, contamos con formas de despedirnos, por eso es bueno tener una carta de despedida a un perro.

Sería ideal para esos momentos de inevitable despedida, ya que compartimos la vida con ellos, aprendemos y crecemos junto con nuestros animales.

Un paso muy duro

Por estos y por mil detalles más, sufrir la pérdida de un compañero de cuatro patas es un paso muy duro que muchas veces cuesta mucho superar. No es fácil la despedida a un perro fallecido, ¿cierto?

Tener una carta de despedida a mi perro, no solucionará ni quitará el dolor, pero sí nos ayudará a superarlo con mejor actitud.

Es un cambio para el que nunca estaremos preparados

Por desgracia, la muerte de un perro supone un gran cambio en nuestra vida, pero sobre todo en nuestro día a día.

Queremos compartirte una carta de despedida a un perro muerto, que seguramente te ayudará a consolarte en el proceso de pérdida, ya que es un cambio para el que jamás se está preparado.

Carta de despedida a mi perro muerto

Cuando esta familia tuvo la mala suerte de tener que despedir a su perro, el padre hizo algo enternecedor.

Después de despedirse de su mascota escribió una carta conmovedora que queremos compartir contigo:

«Todas las mañanas durante las últimas tres semanas, él me ha despertado a las 4 de la madrugada con el collar colgando, y buscando a Dios sabe qué. Ha estado hablando con fantasmas últimamente. Se pasea por las esquinas, se queda atrapado y suelta una ladrido ronco.

Me levanto de la cama para darle de comer. A veces come; pero otras veces no lo hace. Respiro profundo y maldigo el sueño que tengo, pero mi perro tiene 16 años y en lo profundo de mi corazón no puedo enfadarme con él.

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Fatherly

Cuando atravesamos el país para mudarnos de casa, hace ya más de un año, estábamos seguros de que a Sombra sólo le quedaban unos meses. Pero sospecho que sabía que todavía lo necesitábamos. Cada noche en esta nueva casa, él instauró un sistema de turnos, durmiendo junto a cada una de las camas de los niños, y finalmente se instaló junto a la nuestra una vez que comprobó que todo estaba bien.

Recibí la llamada de mi esposa alrededor del mediodía. No se levantaba para salir, y uno de sus ojos no se abría. Cuando llegué a casa, todavía respiraba, pero muy poco. Estaba acostado en el lugar donde yo sabía que estaría, en el espacio cubierto de piel al lado de nuestra cama. Cuando me tendí junto a él, apenas se movió. Luego, despacio y con gran esfuerzo, levantó la cabeza y la apoyó en mi brazo. Era más pesada de lo que nunca lo fue. Abrió su ojo bueno, miró los míos y soltó un suspiro.

«Estoy listo», me dijo. Él nos había instalado en esta nueva casa y se aseguró de que estaríamos bien. Había comprobado todos los rincones y vigilaba todas las noches. Él estaba feliz, sabiendo que había cuidado bien de esta familia durante 16 años. Pero también estaba cansado, y lleno de dolor, me estaba pidiendo que lo hiciera más fácil para él.

Le pregunté al veterinario si podía contarle una última historia, el veterinario se sentó en el suelo junto a Sombra y junto a mí, y le expliqué sobre Afganistán y cómo este perro me ayudó a volver a casa. No pude terminar.

Tenia a Sombra en mi regazo y su respiración era más superficial que antes. El veterinario me puso su mano tranquilizadora sobre la mía. «Este es un perro con dolor», dijo. «Estás haciendo lo correcto.» Le puso una inyección, se enrojeció la vena, y entonces …

Me quedé sentado con Sombra durante mucho tiempo después, mientras su cuerpo perdía lentamente su calidez. Enterré mi cabeza en la piel suave alrededor de su cuello y solté un último grito. «Un perro tan bueno», fue todo lo que logré decir. Cuando fui a casa, los niños me abrazaron y me preguntaron por el cielo. Les dije que veríamos a Sombra allí, pero no estaba muy seguro.

Son las 4 de la mañana. Estoy recorriendo la casa a solas, desesperado por oír el  sonido del collar de Sombra, pero ahora es un fantasma. Anoche soñé que lo veía a través de un ancho río. Él meneaba la cola y caminaba alegremente, algo que no ha hecho en mucho tiempo. Me preguntaba si él estaba tratando de cruzar hacia mí. Entonces vi su piel, ya mojada por el baño. No volvería. Él estaba allí esperando. Si hay un cielo, nuestros perros son los que nos dejan entrar.»

Firmado por Ken Harbaugh.

Fuente: Fatherly


Ana Hache

Ana Hache

Escritora apasionada. Estoy especializada en el mundo de la decoración y el diseño de interiores.

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Carta a un perro fallecido
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Carta a un perro fallecido
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Nadie estamos preparados para la pérdida de una mascota. Supone un cambio horrible a veces difícil de superar, esta carta no podría explicarlo mejor.
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la NUBE de Algodón
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