Nada más y nada menos que 20 millones de víctimas son las que se cobró la caza durante el año 2014, según el Anuario de Estadística Forestal 2014 -último año disponible- del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente.

La caza, defendida por quienes la practican como la única forma de controlar la superpoblación de ciertas especies y de preservar el equilibrio de los ecosistemas, no solo tiene alternativas en este sentido sino que sus consecuencias puede ser fatales también para los seres humanos.

Durante cada temporada, se vierten al campo 6.000 toneladas de plomo proveniente de los casquillos de los cazadores. Este metal pesado se acumula en la tierra y en el agua durante años y es ingerido por las especies que habitan los montes y los humedales, animales que luego son cazados para ser vendidos como alimento para nosotros, los humanos.

La acumulación de plomo en el organismo puede provocar la aparición de plumbismo, una enfermedad que afecta a animales y humanos por igual y que puede tener serias consecuencias para la salud.

Además, los datos demuestran que esta actividad se ha mostrado ineficaz para controlar la superpoblación de ciertas especies. Dados los avances con los que contamos en el mundo actual, la caza se ha convertido en un método obsoleto y cruel. Las organizaciones animalistas claman porque se busquen alternativas no letales para solucionar este problema y poder devolverle el campo a quien realmente pertenece: a los animales.

Fuente: PACMA

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Peligros de la caza para la salud humana
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Peligros de la caza para la salud humana
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La caza no es un sistema útil para el control de la superpoblación de especies y puede poner en riesgo la salud humana debido a los vertidos de plomo.
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La Nube de Algodón
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