Cuando deseamos mucho algo y lo obtenemos es una sensación increíble. Piensa en algo que hayas querido por mucho tiempo, que hayas perseguido y rogado hasta la saciedad a cualquiera que te escuchara.

Una bici nueva, ir a París o un perrito. ¿Cuántos niños habrán pedido alguna vez en su vida tener un perrito? Cientos, miles, eso seguro. No siempre es un deseo que se cumple porque como bien sabemos con la vida no se juega. No se compran perros, se adoptan; no se usan, no se maltratan ni se abandonan. Por eso cuando recibimos la oportunidad de compartir la vida con una mascota es un momento tan importante.

Para esta pequeña es un deseo especial de Navidad hecho realidad de una forma maravillosa.

Mientras ella sostiene su perrito de peluche, Luna, sus padres se lo cambian por un nuevo amigo de cuatro patas.

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Una de las mejores sorpresas que se pueden recibir, ser testigo de ello te va a gustar tanto como a ella su nuevo amigo. Su cara lo dice todo, no podría haber palabras más bonitas que esos ojos expresando amor eterno por este cachorrito.

Después de planear el momento durante semanas y semanas los papás de esta niña han hecho realidad un sueño, pero también han creado un recuerdo de por vida. Porque difícilmente llegará el día en el que la pequeña olvide este momento.

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Ni aunque el mismísimo Papa Noel se lo pidiera con todas sus fuerzas la niña podría haber contenido sus lágrimas. Lo que no es tan seguro es que viendo su emoción seas capaz de contenerlas como espectador. Pero está justificado, es un momento tan bonito que es imposible vivirlo sin esta emoción.

Fuente: Rumble