Vivimos rodeados de estereotipos. Cada cultura, etnia o religión lleva consigo asociadas unas ideas globales que predeterminan su imagen. Es más, no solo ocurre con grandes grupos que engloban a la gente sino con las personas mismo. Ya sea por nuestra raza, por nuestras creencias o lo que hacemos en la vida; hay una etiqueta para nosotros.

Piensa un segundo en la gente que te rodea, o en alguien que acabes de conocer. Lo más seguro es que ya tengas una idea preconcebida de él o ella. Si lleva una chaqueta de cuero al estilo de los moteros, o si por el contrario viste siempre de camisa pensaremos una u otra cosa de antemano.

Pero las apariencias engañan, lo que vemos no tiene por qué ser lo que es. No basta con ver, hay que conocer. Los estereotipos acaban dañando más de lo que creemos y no solo a corto plazo, sino más bien a largo plazo. Todavía hoy creemos que las personas de religión judía pueden ser tacaños, por ejemplo.

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Si escuchamos las sabías palabras de este experimento social nos daremos cuenta de cuán equivocados estamos. No hay nada que se pueda asegurar de antemano solo por elegir una u otra vestimenta, o por profesar una u otra religión.

Somos más parecidos de lo que pensamos debajo de las capas de protección con las que nos vestimos cada día. 

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Además de emocionarte, este vídeo nos dará una importante lección.

Fuente: verne