Comer a veces puede ser realmente pringoso. Salsas que lo manchan todo, azúcar que deja huella en las manos y todo lo que toques, o gelatina que no se va ni a la de tres. Sobre todo cuando se trata de los más pequeños, comer puede ser una odisea. Una lucha contra la pulcritud.

Pero, por suerte, existen trucos tan buenos como este para facilitar la merienda de los niños. A veces hay que reconocer que el ingenio puede cambiarlo todo. Algo horrible y complicado puede acabar siendo sencillo y divertido.

Este es un claro ejemplo de ello, y solo necesitaremos un par de recipientes de plástico (o cualquier pequeño recipiente que encaje) y un par de minutos. ¿Listo? Presta atención porque querrás hacerlo incluso para ti mismo.

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Este detalle nos sirve como separador de compartimentos y, además, nos asegura una limpieza que de otro modo sería difícil. Incluso podemos recurrir a un par de “tapones” grandes de nata o botes parecidos, o algunos de esos pequeños envases de fruta. 

La clave está en que encajen en nuestro tarro de meriendas. Lo demás te parecerá pan comido, y las posibilidades que te abre este simple detalle las considerarás infinitas como poco.

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El momento de la merienda es un lujo si lo vivimos así.

Fuente: Tasty Junior